Gracias a todas las que confiaron en nosotras y nos contaron sus historias sobre cómo han vivido y enfrentado una agresión digital hemos identificado un proceso al que hemos nombrado: “Proceso de empoderamiento feminista digital”. Este consta en reconocer las distintas etapas por las que pasa una mujer al sufrir violencia digitall; los procesos van desde el instante de la agresión hasta el momento donde ellas pudieron entender que no era su culpa y tomaron acciones para evitar que a otras mujeres les sucediera o, incluso ellas mismas volvieran a pasar por una situación similar.

Aquí las etapas que identificamos:

La agresión

La agresión puede originarse:

  1. Presencial. Una agresión que inicia en los círculos en los que se desenvuelve, puede ser en su escuela, en su casa, en un entorno familiar y se reproduzca y viralizarse en el espacio digital.
  2. Digital. Una agresión que inicia a través de las TIC, o en el espacio digital, en una red social o cualquier plataforma digital. Puede ocurrir que se dé primero en un círculo cercano y se difunda con más personas o al revés, que desconocidos les ataquen y se popularice en un segundo momento entre sus amistades, familiares y/o miembros de su escuela.

¿Ahora qué hago?

Al vivir una situación de violencia una de las primeras reacciones es sentir:

Miedo/Culpa

El miedo, la culpa, el qué dirán o pensarán es la sensación inmediata a una agresión. El temor a que más personas de sus círculos cercanos se enteren las aísla.

Cómo lo recibe mi cuerpo

La violencia digital al igual que cualquier forma de violencia se encarna y se siente en el cuerpo. Las personas que viven estas situaciones sienten ansiedad, tristeza, ganas de llorar, pueden enfermar del estómago, o incluso dejar de comer y sentir sueño muchas partes del día.

Consecuencias

Las adolescentes además mantienen un sentimiento de culpa constante; por un lado se culpan por la agresión y por otro lado por no “haber” hecho algo”.

La denuncia

Se hace una primera acción al contarlo a su amiga o amigas más cercanas. En algunos casos con alguna persona en su escuela pero lo más común es que las adolescentes deciden no contarle a nadie, por lo que no existe un proceso de denuncia en un primer momento.

El acceder a justicia es visto por ellas como hablarlo con una persona adulta, ya sea familiares, personal docente o autoridad, o alguien de su confianza que no las va a culpar o juzgar.

También es común que no se quiera tomar ninguna acción.

Revictimización

A las adolescentes les cuesta mucho trabajo poder hablar y una vez que lo hacen llegan a encontrarse con algunas de estas situaciones:

En algunos casos las mismas amistades fomentan el sentimiento de culpa: “si ella se hubiera vestido con ropa distinta, no habría pasado por esa situación”.

En otros casos los centros educativos o el personal docente al desconocer la existencia de medidas y protocolos de actuación y ante la falta de empatía revicitmizan, suspenden a la víctima o la confrontan con sus agresores.

También existe una decepción por el nulo acceso a la justicia. Para quienes fueron canalizadas a un centro de atención por parte del Estado, muchas veces, la justicia no llegó. Las personas que las atendieron se limitaron a escucharlas, solicitar el llenado de informes y el envío de capturas de pantalla para comprobar la agresión pero no dieron seguimiento real, ni mostraron resultados.

Aquí no termina

Después de la primera agresión se pasa un momento de calma donde se cree que la violencia fue olvidada todo pero vuelve a surgir:

  • Mismo contenido pero por otros canales y con otros voceros.
  • Nuevos mensajes haciendo referencia a la primera agresión.
  • Comentarios sobre la primera agresión.
  • Nueva agresión teniendo como base la primera agresión

La violencia no se queda exclusivamente en las redes sociales o en el espacio digital. Las adolescentes pueden enterarse por sus compañeras y compañeros de escuela quienes comparten, comentan y/o se burlan en las aulas.

Exclusión

Cierran sus cuentas personales, algunas las vuelven a abrir pasando cierto tiempo, en otros casos crean nuevas cuentas con nuevas personalidades sin proporcionar datos que las vincule a las agresiones pasadas.

Cuéntale a alguien

Pueden buscar y hablar con su madre, padre o familiares –algunas de las adolescentes entrevistadas cuentan que al contarlo a su madre y padre la reacción fue mejor de lo que esperaban–. En esta etapa algunas adolescentes deciden buscar denunciar desde mecanismos de acceso a la justicia del estado como la Fiscalía o Policía Cibernética.

Algunas comentaron que una amiga o persona allegada las acercó al feminismo y que les ayudó verdaderamente a resolver la situación. Encontrando el apoyo que necesitaban y en algunas ocasiones, gracias a su acercamiento con el feminismo lograron identificar el tipo de agresión que vivieron y entendieron que no había sido su culpa.

Autocuidado

Las adolescentes reflexionan sobre la agresión y generan de forma individual o colectiva estrategias para mantenerse seguras en internet. La creación de estrategias colectivas e individuales para cuidarse en el espacio online y offline es parte importante para el proceso de sanación.

Empoderamiento feminista digital

Finalmente, después de este proceso, ellas entienden mejor lo que les sucedió. Reconocen que no fue su culpa, y que las demás personas no estaban en lo correcto cuando les dijeron que había sido culpa de ellas. Aprendieron a construir un camino que se debe seguir al pasar por una situación de violencia digital. Y, por otro lado, emprendieron acciones para ayudar a otras mujeres que están pasando por lo mismo.